Ir al contenido

Las dos caras de la moneda: el lujo conspicuo e inconspicuo como estrategias de señalización en competencia

Por 0NE ·

1. Introducción

Un Bugatti Chiron color titanio se detiene frente al Burj Al Arab un martes por la noche. Su conductor, heredero de un conglomerado del Golfo, no necesita presentación: el rugido de los 1.500 caballos y el emblema esmaltado a mano la proporcionan. A dos continentes de distancia, en la terraza del Baur au Lac de Zúrich, un gestor de fondos de cobertura gira la muñeca para consultar la hora. Su Patek Philippe 5170G — esfera blanca, cronógrafo de cuerda manual — pasa desapercibido para la mayoría de los comensales. Un relojero lo habría reconocido en medio segundo.

Estas dos escenas destilan una tensión que ha fascinado a economistas, sociólogos y estrategas de marca durante más de un siglo: ¿por qué la riqueza a veces grita y otras veces susurra? El consumo conspicuo — la exhibición pública de bienes para señalizar estatus — fue formalizado por Thorstein Veblen en 1899 [1]. Sin embargo, el siglo XXI ha revelado un movimiento complementario y aparentemente opuesto: el consumo inconspicuo, donde la ostentación se sustituye por la sutileza y el conocimiento interno [4]. Lejos de ser anómalos, ambos fenómenos representan estrategias de señalización racionales dentro de un espacio definido por dos ejes: la riqueza económica y el capital cultural.

El presente artículo persigue tres objetivos. Primero, sintetizar los marcos teóricos fundacionales — Veblen [1], Bourdieu [2] y Han, Nunes y Drèze [3] — para demostrar su complementariedad. Segundo, proponer un marco de doble eje que integre las dimensiones económica y cultural, generando cuatro cuadrantes de consumo con predicciones diferenciadas sobre la prominencia de marca. Tercero, ilustrar el marco con siete viñetas empíricas que abarcan desde la industria automovilística de Dubái hasta la alta relojería del Vallée de Joux, pasando por las subastas de arte contemporáneo en Bruselas y los yates del Egeo.


2. Fundamentos teóricos

2.1 Veblen y la clase ociosa

La obra seminal de Veblen, The Theory of the Leisure Class (1899), introdujo dos conceptos entrelazados: el ocio ostensible y el consumo ostensible [1]. Para Veblen, la industrialización había separado la riqueza de la producción visible, obligando a los nuevos ricos a encontrar proxies observables de su estatus pecuniario. La exhibición de bienes costosos — o el derroche de tiempo en actividades improductivas — servía como prueba de capacidad de despilfarro, un mecanismo análogo al handicap biológico descrito medio siglo después por Zahavi (1975).

Veblen no era un psicólogo del consumidor; era un institucionalista que veía el consumo como un acto social regulado por normas de emulación. La clave de su modelo es el goteo descendente (trickle-down): las clases inferiores imitan el consumo de las superiores, que a su vez deben elevar el coste de la señal para restaurar la distancia simbólica [1]. Este ciclo — adopción, difusión, obsolescencia — fue anticipado por Simmel (1904) en su análisis de la moda como dialéctica entre imitación y diferenciación [8].

2.2 Bourdieu y el capital cultural

Casi un siglo después, Pierre Bourdieu desplazó el foco de la riqueza económica al capital cultural [2]. En La Distinction (1984), Bourdieu argumentó que el gusto no es un atributo innato sino un producto del habitus: las disposiciones incorporadas, adquiridas mediante socialización de clase, que determinan qué bienes se perciben como legítimos, vulgares o irrelevantes. El espacio social no es unidimensional (rico/pobre) sino un campo bidimensional donde el capital económico y el cultural operan como ejes independientes.

La implicación para el consumo de lujo es profunda: la riqueza compra acceso, pero el capital cultural decide el modo de uso. Un empresario autodidacta puede adquirir un Rothko, pero solo quien posea el habitus adecuado sabrá colgarlo junto a un Richter sin comentario explicativo. Trigg (2001) demostró que el marco de Bourdieu resuelve anomalías que el modelo de Veblen deja sin explicar, como el hecho de que profesores universitarios (alto capital cultural, bajo capital económico) consuman bienes distintos a los de empresarios igualmente ricos pero con escasa formación cultural [10].

2.3 Han, Nunes y Drèze: la prominencia de marca como señal

El artículo de Han, Nunes y Drèze (2010), publicado en el Journal of Marketing, formalizó la conexión entre riqueza, necesidad de estatus y prominencia de marca en un modelo de cuatro segmentos [3]:

SegmentoRiquezaNecesidad de estatusProminencia de marca preferida
PatriciosAltaBaja (entre masas)Baja — señales sutiles legibles solo por pares
ParvenusAltaAltaAlta — logotipos visibles, productos emblemáticos
PoseursBajaAltaAlta — imitaciones, productos de entrada con logotipo
ProletariosBajaBajaIndiferente — consumo orientado a la función

Este modelo es el puente operativo entre Veblen y Bourdieu: los parvenus ejecutan la estrategia vebleniana clásica (exhibir riqueza), mientras que los patricios despliegan capital cultural bourdieusiano para señalizar a un público restringido. La prominencia de marca se convierte así en una variable continua cuyo óptimo depende de la posición del consumidor en el espacio riqueza × capital cultural.


3. Arquitectura del consumo conspicuo

3.1 Mecanismos de señalización

El consumo conspicuo funciona como una señal costosa (costly signal) en el sentido de Spence (1973): su credibilidad reside en que solo los agentes con recursos suficientes pueden soportar su coste [9]. Nelissen y Meijers (2011) demostraron experimentalmente que vestir ropa con logotipos de lujo visibles genera ventajas sociales cuantificables: mayor predisposición a la cooperación, mejores evaluaciones de competencia y mayores donaciones en contextos caritativos [9].

Los mecanismos específicos incluyen:

  1. Coste material directo: el precio del bien actúa como barrera de entrada. Un Hermès Birkin 25 en piel Togo con herrajes de oro no solo cuesta ~10.000 EUR; su escasez artificial (listas de espera, historial de compras requerido) eleva el coste total de adquisición.
  2. Coste de oportunidad temporal: la búsqueda, la espera y el ritual de compra consumen tiempo que señaliza capacidad de ocio ostensible [1].
  3. Coste de mantenimiento: materiales delicados (piel de cocodrilo, oro rosa, lacas artesanales) requieren cuidado constante, prolongando la señal en el tiempo.

3.2 Viñeta: el hiperdeportivo en Dubái

El circuito Dubai Autodrome acoge, cada viernes por la noche, sesiones de track day informales. Los asistentes regulares reconocen una jerarquía no escrita: los Porsche 911 Turbo S ocupan la base, los Ferrari SF90 Stradale el nivel intermedio y los Pagani Huayra BC el ápice. No es solo una cuestión de precio; es una cuestión de visibilidad. Los Pagani están pintados en colores únicos — verde oliva metalizado, azul Barchetta — que los hacen irrepetibles e inmediatamente identificables en las redes sociales. El propietario de un Huayra BC no necesita decir su nombre: el coche lo dice por él.

Esta viñeta ilustra los tres costes superpuestos: precio (>3 M EUR), exclusividad (producción limitada a ~40 unidades) y visibilidad estética (colores a medida). En el contexto cultural del Golfo Pérsico, donde la riqueza petrolera es reciente y la estratificación social se negocia activamente, la señalización conspicua cumple una función de establecimiento de jerarquía análoga a la que Veblen describió para la élite industrial estadounidense de finales del siglo XIX [1].

3.3 Efectos bandwagon, snob y Veblen

Leibenstein (1950) descompuso la demanda de bienes de lujo en tres efectos [6]:

  • Efecto bandwagon: la utilidad aumenta cuando otros consumen el mismo bien (moda masiva, productos virales).
  • Efecto snob: la utilidad disminuye cuando otros consumen el mismo bien (exclusividad, ediciones limitadas).
  • Efecto Veblen: la utilidad aumenta con el precio del bien (el precio es la señal, no un coste a minimizar).

El consumo conspicuo opera principalmente a través de los efectos Veblen y snob: el precio elevado garantiza la credibilidad de la señal, y la exclusividad protege su valor diferencial. Cuando el efecto bandwagon domina — como ocurrió con el logotipo de Louis Vuitton en los años 2000 — la señal se degrada y los patricios migran hacia códigos inconspicuos [3].


4. Arquitectura del consumo inconspicuo

4.1 Señales sutiles y costes de decodificación

Eckhardt, Belk y Wilson (2015) definieron el consumo inconspicuo como la preferencia por bienes cuyo valor es opaco para el público general pero transparente para los iniciados [4]. Berger y Ward (2010) refinaron esta idea demostrando que los insiders del mundo de la moda prefieren productos con señales sutiles (por ejemplo, la suela roja de Christian Louboutin es más sutil que un logotipo estampado repetido, pero aún más sutil es la costura interna de un zapato John Lobb a medida) [5].

El mecanismo clave es el coste de decodificación: cuanto mayor es el conocimiento necesario para reconocer la señal, más selectivo es el público receptor [5]. Este coste actúa como un filtro que separa a los pares culturales de las masas, reproduciendo la estructura del capital cultural descrita por Bourdieu [2].

4.2 Viñeta: relojes en el Baur au Lac

En el restaurante Pavillon del Baur au Lac, la etiqueta no escrita prohíbe los relojes con bisel de diamantes. Los comensales habituales — banqueros privados, gestores de family offices, coleccionistas — llevan piezas que solo un relojero identificaría a distancia: un A. Lange & Söhne Datograph Up/Down en oro blanco, un F.P. Journe Chronomètre Souverain en platino, un Philippe Dufour Simplicity. Ninguno de estos relojes tiene logotipo visible en la esfera. Su valor reside en el acabado del movimiento (anglage a mano, grabado a buril), en la rareza de producción (~200 unidades/año para Dufour) y en el conocimiento necesario para apreciarlos. Llevar un Rolex Submariner aquí no es un error de gusto; es un acto de neutralidad. Llevar un Hublot Big Bang sería un acto de agresión semiótica.

Esta viñeta captura la esencia del consumo inconspicuo: la señal es invisible para quien carece del capital cultural específico del campo (aquí, la alta relojería). El coste no es solo económico (un Philippe Dufour Simplicity supera los 500.000 CHF en subasta) sino epistémico: hay que saber qué buscar, dónde buscarlo y por qué importa.

4.3 Viñeta: la subasta de Bruselas

En la sala de ventas de Hôtel de Ventes Horta, en Bruselas, un cuadro de formato mediano — óleo sobre lino, sin marco — se adjudica por 1,2 millones de euros. El comprador, sentado en la tercera fila con un jersey de cuello alto azul marino, no levanta la mano: asiente con una inclinación de cabeza imperceptible a su asesor, que transmite la puja por teléfono. La obra es de un artista emergente de la escena berlinesa cuyo nombre no aparecería en ninguna lista de los «más caros». El comprador lo ha seguido durante cinco años, visitando su estudio en Wedding y asistiendo a cada apertura en galerías de Kreuzberg. Su inversión no es solo financiera; es relacional y temporal. El cuadro, colgado después en su residencia de Uccle, no lleva placa de artista. Los visitantes que reconocen la obra pertenecen al mismo circuito; los que no, ven simplemente un cuadro agradable.

Aquí el capital cultural opera en tres niveles: conocimiento del artista (incorporado), historial de relación con la galería (institucionalizado) y posesión de la obra (objetivado). La señal es doblemente inconspicua: invisible para los no iniciados y deliberadamente no explicada por el propietario.


5. Determinantes geográficos y culturales

5.1 Economías emergentes: señalización conspicua como legitimación

Ordabayeva y Chandon (2011) demostraron que la desigualdad percibida intensifica el consumo conspicuo entre los estratos inferiores, que buscan reducir la distancia simbólica respecto a los estratos superiores [11]. En economías emergentes — China post-WTO, Rusia post-soviética, los estados del Golfo post-petróleo — la riqueza reciente carece de los marcos institucionales (old money, aristocracia, meritocracia académica) que en Europa occidental proporcionan legitimidad alternativa al consumo. El resultado es una inclinación estructural hacia la señalización conspicua.

Dubois, Jung y Ordabayeva (2021) matizaron este panorama: a medida que la riqueza se consolida generacionalmente, las élites de economías emergentes comienzan a migrar hacia la señalización inconspicua, importando los códigos de la vieja Europa (educación en internados suizos, coleccionismo de arte contemporáneo, filantropía estratégica) [12]. El proceso replica, a escala acelerada, el tránsito de los parvenus a patricios descrito por Han et al. [3].

5.2 Viñeta: el relojero del Vallée de Joux

En Le Sentier, un pueblo de 1.900 habitantes encajado en el Vallée de Joux suizo, las fachadas de piedra caliza no delatan lo que ocurre en su interior. Detrás de una puerta sin rótulo, un relojero independiente ensambla a mano un movimiento de gran complicación — tourbillon, repetición de minutos, ecuación del tiempo — destinado a un coleccionista de Singapur que ha esperado cuatro años. El reloj no tendrá logotipo en la esfera, solo las iniciales del artesano grabadas a buril en la platina. Su precio, negociado discretamente por correo electrónico, supera el millón de francos suizos. En el pueblo, nadie sabe cuánto cuesta; muchos ni saben que se fabrica. La señal es tan inconspicua que ni siquiera existe como señal pública.

Esta viñeta representa el extremo del eje inconspicuo: la señal ha dejado de ser una señal social para convertirse en un acto privado de apreciación estética, legible únicamente por el creador y el comisionador. Es el punto donde el marco de Han et al. se disuelve, porque la necesidad de estatus se ha reemplazado por la búsqueda de significado intrínseco [3].

5.3 Economías maduras: coexistencia de estrategias

En Europa occidental, Norteamérica y Japón, ambas estrategias coexisten, segmentadas no solo por riqueza sino por campo social. Un mismo individuo puede ser conspicuo en un campo (coche) e inconspicuo en otro (ropa), dependiendo de la audiencia y del capital cultural relevante. Kapferer y Bastien (2012) argumentaron que las grandes casas de lujo gestionan esta tensión mediante arquitecturas de marca duales: líneas de entrada con alta prominencia de marca para los parvenus y líneas de alta gama con prominencia mínima para los patricios [7]. El programa Design Atelier de CLAVI Switzerland AG en Schaffhausen ilustra este principio en el ámbito de los dispositivos digitales: piezas a medida que oscilan entre la declaración visual y el diseño deliberadamente invisible, según las necesidades del cliente.


6. Disrupciones contemporáneas

6.1 La paradoja digital: de lo inconspicuo a lo conspicuo

Las redes sociales han alterado la ecuación fundamental de la señalización inconspicua al reducir el coste de decodificación. Un reloj antes legible solo por relojeros puede ser identificado por millones de seguidores de cuentas de Instagram especializadas. El hashtag #quietluxury, viralizado en TikTok en 2023, es la máxima paradoja: hacer conspicuo lo inconspicuo. Cuando la sutileza se convierte en tendencia masiva, deja de funcionar como filtro de capital cultural [4].

6.2 Viñeta: el ingeniero de Schaffhausen

Un ingeniero de software en Schaffhausen, 28 años, salario de 140.000 CHF, compra un IWC Portugieser Automatic 40 en acero. En Instagram publica una foto de muñeca con el hashtag #watchesofinstagram. La foto recibe 2.300 likes y 47 comentarios. Tres meses después, su jefe — coleccionista de Patek Philippe — ve la publicación. El jefe, que jamás publicaría su 5711 en redes sociales, siente una incomodidad que no sabe articular. La señal del ingeniero es conspicua dentro del campo digital pero inofensiva en el campo físico. La del jefe es inconspicua en ambos. Las dos estrategias coexisten pero no son equivalentes: la del jefe es invisible para quien no esté en la habitación; la del ingeniero es visible para cualquiera con conexión a internet.

6.3 NFT, activos digitales y nuevas capas de señalización

Los tokens no fungibles (NFT) y los activos digitales han creado un tercer eje de señalización donde la escasez es verificable pero inmaterial. Un CryptoPunk #7804 no se puede llevar puesto, pero se puede exhibir como foto de perfil en Twitter/X, señalizando simultáneamente riqueza (precio de adquisición), capital cultural criptográfico (conocimiento del ecosistema) y pertenencia tribal (comunidad de holders). Esta capa digital no sustituye a las señales físicas sino que las complementa, añadiendo complejidad al modelo de cuadrantes [3].

6.4 Sostenibilidad y el giro ético

La creciente sensibilidad medioambiental ha introducido una dimensión moral en el consumo conspicuo. Exhibir un abrigo de pieles en Estocolmo genera costes reputacionales que anulan los beneficios de señalización. Simultáneamente, la sostenibilidad se ha convertido en una nueva forma de capital cultural: saber distinguir un algodón orgánico certificado GOTS de un greenwashing convencional requiere conocimiento específico, replicando la estructura del consumo inconspicuo [4].


7. Marco de doble eje: una propuesta integradora

7.1 Construcción del modelo

Proponemos un marco que cruza dos dimensiones continuas:

  • Eje X — Riqueza económica: capacidad de adquisición de bienes y servicios de lujo, medida en términos de patrimonio neto y renta disponible discrecional.
  • Eje Y — Capital cultural: conocimiento incorporado (habitus), credenciales institucionalizadas y artefactos objetivados relativos al campo de consumo específico [2].

El cruce genera cuatro cuadrantes:

CuadranteRiquezaCapital culturalEstrategia de señalizaciónEjemplo arquetípico
I — PatriciosAltaAltoInconspicuaColeccionista de Philippe Dufour
II — ParvenusAltaBajoConspicuaComprador de Lamborghini Urus personalizado
III — PoseursBajaBajoConspicua imitativaConsumidor de réplicas de bolsos
IV — Proletarios culturalesBajaAltoFuncional / selectivaProfesor con Nomos Tangente

7.2 Predicciones del modelo

  1. Migración intercuadrante: los individuos pueden desplazarse entre cuadrantes a lo largo del ciclo vital (por ejemplo, un emprendedor parvenu que, tras décadas de coleccionismo, adquiere capital cultural y migra al cuadrante patricio).
  2. Especificidad de campo: la posición cuadrante no es universal sino relativa al campo de consumo. Un patricio en alta relojería puede ser un parvenu en enología.
  3. Dinámica de señal: cuando una señal inconspicua es decodificada por las masas (efecto TikTok), los patricios la abandonan y buscan nuevas señales con mayor coste de decodificación.
  4. Efecto Veblen invertido: en el cuadrante patricio, una reducción del precio visible (por ejemplo, eliminar el logotipo) puede aumentar el estatus percibido dentro del grupo de pares.

7.3 Viñeta: el yate en el Egeo

Un yate de 42 metros navega frente a las costas de Milos en agosto. Su casco es gris grafito, sin nombre visible. No hay logotipo de astillero en la popa. Los pasajeros — una familia belga de quinta generación — almuerzan en la cubierta principal con vajilla de porcelana sin marca (Nymphenburg, reconocible solo por la translucidez de su pasta). El yate fue construido por un astillero holandés de nicho cuyo nombre no aparece en las ferias náuticas de Mónaco. A un kilómetro de distancia, un yate de 60 metros con el nombre del propietario en letras doradas en la popa lanza motos de agua al mar. Los pasajeros del yate gris no miran. No necesitan mirar: saben exactamente lo que están viendo y lo que no están mostrando.

Esta viñeta final cristaliza la tesis del artículo: la señalización conspicua e inconspicua no son etapas evolutivas (de lo ruidoso a lo discreto) sino estrategias coexistentes cuya racionalidad depende de la posición del agente en el espacio riqueza × capital cultural. Para los individuos de patrimonio ultra-alto, la soberanía sobre la señal — decidir quién ve qué, y cuándo — se convierte en el bien de lujo definitivo. (Para un análisis de cómo la arquitectura de hardware soberana responde a estos imperativos de privacidad y seguridad, véase Por qué CLAVI no compite con Ledger.)


8. Conclusiones

El recorrido desde Veblen hasta el marco de doble eje revela una arquitectura teórica coherente:

  1. Veblen estableció que el consumo es un acto de comunicación social cuya eficacia depende de la visibilidad y del coste [1].
  2. Bourdieu añadió la dimensión del capital cultural, explicando por qué la riqueza no basta para producir estatus legítimo [2].
  3. Han et al. operacionalizaron ambas dimensiones en un modelo de segmentación basado en la prominencia de marca [3].
  4. Eckhardt et al. y Berger y Ward documentaron el auge del consumo inconspicuo como respuesta racional a la democratización de las señales conspicuas [4][5].

El marco de doble eje integra estos aportes y genera predicciones verificables sobre el comportamiento del consumidor en diferentes contextos culturales, económicos y tecnológicos. Sus implicaciones para la estrategia de marca son directas: segmentar por riqueza sola es insuficiente; la variable oculta es el capital cultural, y su distribución determina si la prominencia de marca es un activo o un pasivo.

Las disrupciones digitales — redes sociales, NFT, viralización de lo inconspicuo — no invalidan el marco sino que aceleran su dinámica: los ciclos de adopción y obsolescencia de señales, que antes operaban en décadas (Simmel, 1904), ahora se comprimen en meses [8]. Las marcas que comprendan esta aceleración y gestionen arquitecturas duales — conspicuas para capturar volumen, inconspicuas para preservar legitimidad — serán las que naveguen con éxito la tensión permanente entre las dos caras de la moneda.

Para un análisis de cómo una arquitectura de hardware soberana encarna estos principios en el ámbito de los dispositivos digitales, véase Por qué CLAVI no compite con Ledger.


Artículo escrito por 0NE.


9. Glosario

TérminoDefinición
Consumo conspicuoAdquisición y exhibición de bienes con el propósito primario de señalizar riqueza o estatus ante una audiencia amplia [1].
Consumo inconspicuoAdquisición de bienes cuyo valor simbólico es opaco para el público general y legible solo por pares con capital cultural equivalente [4].
Capital culturalConocimiento, habilidades y disposiciones incorporadas (habitus), credenciales institucionalizadas y artefactos objetivados que confieren estatus simbólico dentro de un campo social [2].
Prominencia de marcaGrado de visibilidad de las señales de marca (logotipos, monogramas, patrones) en un producto de lujo [3].
Efecto VeblenAumento de la demanda de un bien como consecuencia del aumento de su precio, porque el precio en sí mismo funciona como señal de estatus [6].
Efecto snobDisminución de la demanda de un bien cuando su adopción se generaliza, como mecanismo de diferenciación [6].
HabitusSistema de disposiciones duraderas y transferibles adquiridas a través de la socialización, que estructuran la percepción, el gusto y la acción [2].
Señal costosaSeñal cuya credibilidad se deriva de su coste elevado, que solo agentes con recursos suficientes pueden asumir [9].
PatricioConsumidor de alta riqueza y alto capital cultural que prefiere señalización inconspicua [3].
ParvenuConsumidor de alta riqueza pero bajo capital cultural que prefiere señalización conspicua [3].

10. Preguntas frecuentes

¿El consumo inconspicuo es moralmente superior al conspicuo? No. Ambos son estrategias de señalización; difieren en audiencia y mecanismo, no en intención. El consumo inconspicuo también busca estatus, pero ante un público restringido [4][5].

¿Puede una marca ser simultáneamente conspicua e inconspicua? Sí, mediante arquitecturas de línea dual. Gucci, por ejemplo, ofrece productos con el monograma GG altamente visible (conspicuo) y líneas de sastrería sin logotipo (inconspicuo). Kapferer y Bastien (2012) denominan esto «estrategia de pirámide» [7].

¿El modelo de Han et al. es aplicable fuera de la moda y la relojería? Sí. La lógica de prominencia de marca se extiende al automóvil, la gastronomía, el interiorismo, la tecnología y los activos digitales. Cualquier campo donde existan bienes con señales de coste variable puede analizarse mediante el modelo [3].

¿Qué ocurre cuando un patricio es percibido como parvenu? La percepción errónea genera una disonancia de identidad que el patricio corrige ajustando sus señales: migrando a marcas aún menos conocidas, reduciendo la visibilidad de sus posesiones o cambiando de campo social. El mecanismo es análogo al fenómeno de «fuga de marca» documentado por Berger y Ward [5].

¿La inteligencia artificial alterará las estrategias de señalización? Probablemente. Si los algoritmos de reconocimiento visual pueden identificar cualquier producto a partir de una foto, el coste de decodificación de las señales inconspicuas se reduce a cero para las máquinas, aunque no necesariamente para los humanos. Esto podría generar una nueva capa de señales diseñadas para ser opacas tanto para humanos como para algoritmos.

¿Cómo afecta la inflación de lujo al modelo? El aumento sostenido de precios en el sector del lujo (por encima de la inflación general) eleva la barrera de entrada al consumo conspicuo, empujando a los poseurs hacia imitaciones más sofisticadas y a los parvenus hacia productos aún más exclusivos. El modelo predice una polarización creciente entre los cuadrantes I y III [3][11].